martes, 23 de agosto de 2011

Por una cultura de paz y convivencia

Experiencias de voluntarios en León. Verano 2011. Idoya López Soriano.

Desde mi llegada al centro “Mary Barreda” comprobé que los rigores del clima nicaragüense que tanto nos afectan no son comparables con el cálido recibimiento de este grupo de mujeres, tanto a nivel personal como profesional.



Los posibles temores que traje en mi maleta ante un país, una cultura, unas gentes y una situación desconocidas se dispersaron en el mismo momento en que pude intercambiar impresiones con las integrantes del proyecto “Por una cultura de paz y convivencia”: M. Luisa (coordinadora), Miriam (abogada), Marta y Erika (psicólogas).


Cada una en su ámbito pero todas formando equipo (la única manera de que un proyecto dé fruto) son las responsables de que lo que empezó siendo un proyecto piloto hace tres años se haya convertido, como parte integrante de la “Red territorial de apoyo a la comisaría de la mujer”, en una referencia en la lucha contra la violencia hacia la mujeres, no sólo en León sino a nivel nacional y un espejo en el que reflejarse para las instituciones que trabajan en este ámbito en Zaragoza.


La capacidad profesional y la implicación y compromiso de todas ellas con el trabajo a realizar es patente. Un trabajo que no se resume en el tratamiento de la violencia de género tal y como se conoce en España sino como concepto global: atención, apoyo, acompañamiento y seguimiento de víctimas de maltrato físico y psicológico, agresiones sexuales, abusos a menores, demandas de pensión alimenticia, acoso laboral (especialmente a la principal población afectada, mujeres, niñas/os y adolescentes, pero también a hombres, si así lo solicitan); campañas de sensibilización, tanto en zona urbana como en las comunidades rurales y capacitación de personas que sirvan de vínculo entre los centros de atención a víctimas (como es el “Mary Barreda”) y la población demandante.

El reto ahora se centra en conseguir una continuidad del trabajo emprendido en estos tres años. Es ahora cuando las mujeres comienzan a concienciarse de que lo que viven como algo habitual y aceptado cultural y socialmente ni lo es ni debería ser así y, por tanto, con vistas al 30 de Noviembre (fecha final del proyecto) sería necesario el replantear la situación y buscar nuevas vías, bien desde la propia Nicaragua o en colaboración con algún organismo internacional respondiendo a la demanda que en nuestro encuentro con los facilitadores en la Casa Comunal de Pocitos nos hicieron: “No nos dejen solas”.

Creo que sobran las palabras y los motivos.

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