Día 10º de agosto:
Ya estamos en el tercio de la estancia. Quedan cinco días para hacer la evaluación pero puedo prever que no voy a tener problemas de “resistencia”. Procuraré llamar a mis padres y a mis hijas desde León. Por lo demás confío que por allá también todo va bien. Confío que hagan los deberes que establecí para ellas y si no pues tampoco pasa nada. Estoy tranquilo y me voy adaptando. El cambio de ritmos es óptimo. La semana pasada dos días en zona rural y enseguida a León con el resto del grupo y turismo. Esta semana cuatro días y el cuarto, el jueves, mañana, por la tarde a León y tras una reunión de nuevo plan turístico. Pero incluso los cuatro días de esta semana son amables y agradables, volviendo a la rutina de la casa y sus compañías, con los animales, los arroces, las duchas a palangana…
La mañana es muy relajada, con el grupo de más mayores en los que se presumen algunas ausencias. La clase resulta difícil por el ruido externo ambiental. La tarde se completa con la visita a adultos muy enriquecedora y dinámica. Hemos pasado por el grupo de jóvenes con Pilar y Pablo pero en ese momento estaban un tanto dispersos. Y con Yasmina y Marta hemos preferido tomar algo en la venta. Pronto a casa, aunque el sueño tarda en llegar y es muy intermitente.
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