lunes, 29 de agosto de 2011

Diario de viaje

Experiencias de voluntarios en León. Verano 2011. Manuel Hernández Martínez.

DÍA 8º de agosto:

Lunes. Ha pasado una semana y parece que haya pasado mucho tiempo dada la intensidad de cada uno de los días y la variación de actitudes y emociones. Miramos el calendario y está todo tan apretado que no nos va a dar tiempo de nada.

En el instituto dos clases y comienzo más detallado del pps de Luis Buñuel. Clases más duras: su falta de insonorización es un dolor. En la segunda clase, agotado y entrando en fase de enfado pacto: no molestes/no molesto, échate a dormir, y me pilla la directora. Yo, que se supone que ando fresco, admito que también he fracasado antes de empezar.

Por la tarde acudimos al grupo de adultos de Palo de Lapa y es una grata experiencia aunque la vamos a probar poco ante tantas ofertas y además resulta un poco agotador al comprimir tanto el día. Como en el instituto todo han sido facilidades para llevarme el portátil acabo casi el pps y paso a ordenador las tareas del blog: este diario y las impresiones del Tololar.

He conseguido llamar a casa, me apetecía, no tengo morriña pero se confirma la sensación de que parece que haya pasado mucho más que una semana.

No sé qué hora es al cerrar el ordenador, pero estoy rodeado de insectos volátiles, bajo el porche de la casa, con un horizonte de árboles y a dos metros la oscuridad impenetrable de la noche y todos los ruidos de los seres silvestres. Un gato se ha quedado a mi lado, caen los mangos con estruendo, los perros ladran con fiereza intermitentemente, los perritos duermen en la corta penumbra amontonados, los grillos insisten en su canto nocturno, sempiterno, nada los interrumpe: a por los tapones: 1:30 de la madrugada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario