martes, 23 de agosto de 2011

Diario de viaje

Experiencias de voluntarios en León. Verano 2011. Manuel Hernández Martínez.

DÍA 4º de agosto:

Primera clase con 8º A. Ya mando trabajos para mi misión, que es elaborar una revista. Luego otra, más agotadora. No tengo sueño aunque sigo sin dormir por la noche pero sí calor. Luego a León con Mercedes, otra vez dirigidos por Pilar y Pablo, son un encanto. La terminal de autobuses es una locura, no se puede imaginar si no se ha vivido la experiencia. Todos los gremios del mercado pasan por el autobús con una coreografía increíble. Hemos llegado hasta allí en otra atracción circense: la ruta o transporte urbano. Hemos vuelto a comer en “Vía, Vía”, como respiro para nuestros amigos.

Sandía y “Victoria”, o “Toña”, no recuerdo, en casa de Adilsa, la directora del instituto, especialmente amable y acogedora.

Ya no ceno. Platico con don Arturo. Me ducho en la ducha, o aquello que resulta lo más parecido a una ducha. Por fin voy al baño, o a aquello que es lo más parecido en sus funciones a un baño. Es cuestión de concentrarse en la necesidad y no pensar en nada más. Evoco por ello mi infancia en el pueblo: esto ya lo he vivido de niño, con algunas diferencias, con mi abuela Ángeles: lavado, higiene, tipo de alimentación, letrina. Tragas y aprietas. Me pongo tapones para dormir a las diez.

No hay comentarios:

Publicar un comentario