lunes, 29 de agosto de 2011

Diario de viaje

Experiencias de voluntarios en León. Verano 2011. Manuel Hernández Martínez.

DÍA 9º de agosto:

No tan cansado como era presumible. Buen desayuno por si había que recuperar fuerzas: frijoles, huevo revuelto y banana. En el instituto esperan dos clases con un hueco en medio. En la última clase faltan bastantes alumnos y con la compañía de Pablo se hace más llevadero el control.

Como con Arturo en la calle de nuevo y espero a María y Felipe que vienen con Rosa y su hija y dos sobrinas. Me llama la atención que la sobrina de 15 años explica que hace dos meses que ha dejado el instituto por problemas con un profesor, un “malcriado”, ha sido su calificativo. Le comento las situaciones que me explicaban el día anterior los adultos, de su esfuerzo con veintitantos o treinta años para tener que retomar los estudios y retomarlos después, lamentando la oportunidad perdida en la adolescencia. Pero la chica no considera la conversación. Acudimos con Mercedes a la Cooperativa Textil y acuden nuestros inseparables, necesarios, Pablo y Pilar, más Lara y Joaquín, un poco convalecientes. Creo que no estuvimos muy acertados al no comprar nada en la cooperativa…

Pasamos por un par de ventas con escasas “provisiones”: no hay cerveza en ninguna. Regresamos a nuestras casas y realmente me siento cansado, acuso el esfuerzo del día anterior. Tomo prestado el detergente azul que me ha dejado el ahijado, Miguel, es mucho mejor que el mío, más oloroso para la ropa. De las mías hasta ahora solo he conseguido quitar la suciedad más aparente, ni siquiera el olor se ha desprendido. He de reconocer que tampoco me esfuerzo mucho. He observado por la tarde a Reyes, la vecina que ayuda a Luz Marina, y hacen un enérgico trabajo para limpiar la ropa, lo mismo que hace un momento Miguel.

Buenas noches a las 7 y media.

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